Perla, árbol, cristal

CAPÍTULO 2

TRATA DE CUÁN FEA COSA ES UN ALMA QUE ESTÁ EN PECADO MORTAL, Y CÓMO QUISO DIOS DAR A ENTENDER ALGO DESTO A UNA PERSONA. TRATA TAMBIÉN ALGO SOBRE EL PROPIO CONOCIMIENTO. ES DE PROVECHO, PORQUE HAY ALGUNOS PUNTOS DE NOTAR. DICE CÓMO SE HAN DE ENTENDER ESTAS MORADAS

1. Antes que pase adelante os quiero decir que consideréis qué será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida que está plantado en las mesmas aguas vivas de la vida, que es Dios, cuando cai en un pecado mortal. No hay tinieblas más tenebrosas ni cosa tan oscura y negra, que no lo esté mucho más. No queráis más saber de que, con estarse el mesmo Sol que le dava tanto resplandor y hermosura todavía en el centro de su alma, es como si allí no estuviese para participar de Él, con ser tan capaz de gozar de Su Majestad como el cristal para resplandecer en él el sol. Ninguna cosa le aprovecha, y de aquí viene que todas las buenas obras que hiciere estando ansí en pecado mortal son de ningún fruto para alcanzar gloria; porque no procediendo de aquel principio, que es Dios, de donde nuestra virtud es virtud, y apartándonos de Él, no puede ser agradable a sus ojos, pues, en fin, el intento de quien hace un pecado mortal no es contentarle, sino hacer placer al demonio, que como es las mesmas tinieblas, ansí la pobre alma queda hecha una mesma tiniebla. (Moradas del castillo interior, I, 2, 1).

Denso de imágenes es este párrafo en el que la Santa Doctora, tras haber señalado en los anteriores la oración como puerta de entrada en el castillo interior, antes de adentrarse en él incorpora nuevas metáforas como otras tantas formas de aludir a dicho castillo: la «perla oriental», el «árbol de vida» y el «cristal».

La imagen de la perla es empleada en los Salmos y en los libros sapienciales del Antiguo Testamento como término de comparación del inmenso valor de la sabiduría (Job 28, 18; Prov 3, 15; 8, 11). Jesús la utiliza como metáfora del Reino (Mt 13, 45), y la nueva Jerusalén del Apocalipsis tiene doce puertas que son otras tantas perlas (21, 21).

El «árbol de vida […] plantado en las mesmas aguas de la vida», amén del que Dios hizo brotar en medio del Edén según el relato del Génesis (2, 9), evoca inmediatamente la célebre imagen con la que el Salmo 1 compara al justo: «Será como un árbol / plantado al borde de la acequia…» (v. 3), o aquélla con la que Jeremías describe al que confía en el Señor: «Será un árbol plantado junto al agua, / que alarga a la corriente sus raíces…» (17, 8).

Por último, la capacidad del alma de «gozar de Su Majestad como el cristal para resplandecer en él el sol» lleva a pensar en lo que San Juan de la Cruz, acaso muy poco tiempo después de redactarse esta página teresiana, escribiría en la Subida del Monte Carmelo: «Está el rayo de sol dando en una vidriera; si la vidriera tiene algunos velos de manchas o nieblas, no la podrá esclarecer y transformar en su luz totalmente como si estuviera limpia de todas aquellas manchas y sencilla; antes tanto menos la esclarecerá cuanto ella estuviere menos desnuda de aquellos velos y manchas, y tanto más cuanto más limpia estuviere. Y no quedará por el rayo, sino por ella; tanto, que, si ella estuviere limpia y pura del todo, de tal manera la transformará y esclarecerá el rayo, que parecerá el mismo rayo y dará la misma luz que el rayo, aunque, a la verdad, la vidriera, aunque se parece al mismo rayo, tiene su naturaleza distinta del mismo rayo; mas podemos decir que aquella vidriera es rayo o luz por participación. Y así el alma es como esta vidriera, en la cual siempre está embistiendo o, por mejor decir, en ella está morando esta divina luz del ser de Dios por naturaleza, que habemos dicho» (Libro II, cap. 5, 6).

Si a la imagen del alma como árbol le corresponde la del «agua viva» que Jesús anuncia a la Samaritana (Jn 4, 10) —las «aguas vivas de la vida, que es Dios»—, metáfora del Espíritu que reciben quienes creen en él (Jn 7, 37-39), a la del cristal le corresponde la igualmente bíblica del sol como símbolo de la divinidad, y más marcadamente la evangélica de Jesús como «sol que nace de lo alto» (Lc 1, 78) y «luz del mundo» (Jn 8, 12).

Pablo Herrero Hernández

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2 comentarios

  1. Estupenda entrada. Espero que luego, en algún momento, continúes con la cuestión del pecado, pero esto de la secuencia de imágenes bíblicas es un tema en sí mismo, y muy valioso… ¡con qué profundidad estaban estos santos empapados de la “gramática” bíblica! no es sólo que usen tal o cual imagen, sino que las usan bíblicamente, reelaborándolas en nuevas imágenes.
    Respecto del árbol de la vida, me gustaría añadir a lo que bien señalas, los árboles de hojas medicinales de Ezequiel (47,12pass), a los que luego Apocalipsis retoma y funde con el árbol de la Vida (Ap 22,2.14).
    Interesantísima la referencia SJ de la Cruz, me pregunto si estará de fondo 1Cor 13,12: “ahora vemos como en un espejo”. Aunque en latín -que será como lo leyeron- no deja dudas que habla de “espejo” y no de “cristal”, no muchos años más tarde (1600) la Biblia King James traducía al inglés: “ahora vemos tras un cristal, oscuramente” (through a glass, darkly). Se haya o no inspirado en ello, me parece interesante la inversión de la figura: lo que en el canto al amor es un momento de negatividad (ver imperfectamente), en la santa -y en lo que citas de SJ de la Cruz- es un anticipo.

    1. Estimado Abel:

      Ante todo, muchas gracias por tu benévola opinión. Desde luego, de la cuestión del pecado habrá ocasión de tratar en los siguientes apartados del capítulo, pero me pareció que esta «secuencia de imágenes bíblicas» valía la pena de señalarse y comentarse. No puedo estar más de acuerdo contigo en que estos santos y escritores espirituales estaban tan empapados de lo que bien defines como «gramática bíblica» que acudían naturalmente al riquísimo repertorio de imágenes de la Escritura, reelaborándolas, en efecto, con métodos en muchos casos directamente aplicados en los propios libros sagrados y en sus comentarios, tanto judíos como cristianos.
      En efecto, el árbol de la vida también se encuentra descrito en el Apocalipsis, e incorpora las hojas medicinales de las que habla Ezequiel: no deja de ser significativa su presencia tanto en el inicio como en la culminación de la historia de la salvación, lo que acentúa, a mi modo de ver, su carácter de imagen cristológica a través de la referencia al madero de la cruz, referencia con la que se cruza la del Salmo 1, aplicada al Justo por excelencia. Veré de integrar brevemente esta referencia que apuntas en el comentario.
      Muy interesante cómo traduce la «Biblia del rey Jacobo» la expresión paulina a la que te refieres; el griego original dice: «por medio de un espejo, en enigma». El contexto en que trae su imagen san Juan de la Cruz es análogo al de su madre y hermana de hábito, pues ambos recurren al símil del cristal/vidriera al hablar del efecto del pecado en la transparencia y pureza del alma, que con el pecado no permite que se trasluzca el esplendor del Sol que la habita, o sólo lo deja traslucir en parte.
      Gracias una vez más por tu comentario, tan enriquecedor y alentador.

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