A modo de justificación

Las Obras completas de santa Teresa de Jesús, en su versión de la colección «Obras Eternas» de la editorial Aguilar, las recuerdo desde siempre en la biblioteca familiar. Ya en la adolescencia, las devoré, y unos años después, cuando, recién cumplidos los veinte, abandoné definitivamente la casa paterna, me llevé conmigo, sin pedir permiso, su bonito volumen encuadernado en piel. Pensé que, entre todos los demás libros de esa colección que figuraban en aquellos anaqueles, nadie notaría su falta. Años después, sin embargo, mi padre me recordó aquella sustracción, sin reproche alguno, simplemente para que supiera que mantenía un certero control de su biblioteca.

Difícil sería explicar qué me llamaba más la atención, durante aquellos años de la adolescencia y de la primera juventud, en la vida y en los escritos de la santa abulense. Al vivir desde los ocho y hasta los ventiséis en un país extranjero —pero que enseguida sentí y sigo sintiendo como propio: no en vano uno es, como dijo Max Aub, de donde ha estudiado el bachillerato—, engolfarme en el castellano cristalino de Teresa de Ahumada era una especie de regreso virtual a mis raíces. Pero, en aquellos años, fue sobre todo su aventura de fe la que me atraía poderosamente y me servía al mismo tiempo de pauta y de apoyo para vivir la mía.

Más de treinta años han pasado desde aquel robo inocente, pero aquel volumen de las obras de la insigne doctora del Carmelo nunca ha dejado de acompañarme, ni yo de releerlo y saborearlo. De todos mis libros, es, sin lugar a dudas, el que más ha convivido conmigo, siguiéndome fielmente de un país a otro, de casa en casa y de vicisitud en vicisitud. Algo ajado y manoseado —hace unos años hubo que restaurarle la lomera—, al verlo me parece verme a mí mismo como en un espejo.

Cautivado por la figura, por la vida y por los escritos de Teresa de Jesús, llevo toda la vida deseando escribir sobre ella y a partir de sus palabras. Más de dos y más de tres proyectos dispares —ensayos, obras teatrales, guías de recorridos teresianos por ambas Castillas…— se han acumulado durante estos años en mis carpetas, sin pasar, en la mayoría de los casos, del estado y condición de esbozos.

La celebración, el 28 de marzo de 2015, del quinto centenario de su nacimiento constituye un buen pretexto y acicate para emprender el presente proyecto: unas glosas humildes y heterogéneas a alguno de sus escritos. No soy teólogo, ni historiador, ni filólogo, aunque algo he aprendido de estas tres disciplinas. Soy traductor, y como tal, lector y escritor, y de traductor será precisamente mi labor al transcribir los párrafos de la Santa y al dar de ellos mi modestísima lectura.

Gracias, amigo lector, por seguirme en esta aventura.

Pablo Herrero Hernández
Madrid, mayo de 2013

Nota técnica

Los textos teresianos se transcriben tal como figuran en la edición manual de las Obras Completas de Santa Teresa a cargo de Efrén de la Madre de Dios y de Otger Steggink (BAC, Madrid 1986, 8.ª ed.), con las únicas excepciones, respecto a tan cuidada edición, de no resaltar en cursiva las letras añadidas en los vocablos que suelen sufrir elipsis bajo la galana pluma teresiana y de mantener los números romanos originales de su escritura sin convertirlos en arábigos. Asimismo, allí donde parece imprescindible para una correcta comprensión del texto, se añaden entre corchetes y en color azul las palabras omitidas o aludidas por la elíptica frase teresiana. En los casos en que dicha aclaración no sería posible sin alterar el orden del texto original, se incluye la misma en el cuerpo de la glosa.

4 comentarios

  1. Gracias Pablo, será una bonita forma de interesarme yo también en los escritos de Sta. Teresa. Un abrazo

    1. Muchas gracias a ti, José Luis, por el interés con que sigues éstas y otras iniciativas. Un abrazo a ti también.

  2. Querido Pablo: una vez más, gracias por tu excelente, soberana y humilde aportación a mi ignorancia, curiosidad e iniciación a esa “nube del no saber” y “del olvido” en que, deduzco, tanto Teresa como Juan de la Cruz, y otros tantos místicos, yacían, contemplativos y en silencio, buscando la huella y la luz.
    Un fuerte abrazo, y ten por seguro el bien que haces no solo a la memoria de la santa de Ávila, también a todos aquellos que, perdidos y anonadados, por no hablar del ensimismamiento de nuestros días, naufragan en el ‘taedium cordis’ de cada día.

    1. Gracias a ti, querido Julio, por tus palabras siempre alentadoras y generosas. Si algún bien hacen estas glosas, no será el menor el que me hagan a mí, tan perdido y anonadado y ensimismado como el más, aunque será sin duda el texto teresiano, derramado en odres nuevos, el que obre maravillas aun prescindiendo de mi torpe comentario. Viajar de la mano de la inquieta y andariega Teresa de Jesús traerá ciertamente sosiego y luz a nuestras vidas: no pretendo ni busco otra cosa.
      Un fuerte abrazo.

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